MISION Y VISION

VISIÓN Y MISIÓN.

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miércoles, 11 de enero de 2023

Revista La Familia y su Universo, enero-marzo 2023.

 


Nos da gusto compartir con los lectores de la familia y su Universo, el nuevo número de la revista, donde tenemos artículos que esperamos sea de su interés y agrado.

Temas como es la importancia de los padres de participar en las actividades de la escuela de los hijos.

También tenemos la entrevista, en la cual nos platicaran de la importancia de estudiar nuevas ramas de la ciencia, para cuidar el medio ambiente.

FE, nos comparte la reflexión sobre el tema del "odio", la importancia de saberlo controlar.

Y un tema sobre el orden que debemos observar en el trabajo o en las actividades escolares, considerando la nueva modalidad de las actividades fuera del centro de trabajo o de la escuela.

Agradecemos a los patrocinadores su confianza en participar en este número.


Esperamos tener sus comentarios y el "like" para la revista, !estamos en nuestras redes sociales¡

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Se adjunta la liga para la revista. 



https://issuu.com/alejandrosanchezcarrillo1/docs/revista_enero_2023






lunes, 14 de noviembre de 2022

 



 




C O N G R U E N C I A.

 

En la línea de pensamientos que hemos venido compartiendo, es necesario considerar uno que es de suma importancia: congruencia.

 

Muchos de nosotros hemos vivido alguna situación como esta: siendo niños, cuando decíamos alguna mentira, nuestros padres nos daban un “sermón” de que no debíamos mentir. Y enseguida, entraba una llamada telefónica, una persona buscando a nuestros padres, quienes, en ocasiones, nos decían “dile que no estoy”. Lo que generó una confusión en nuestra mente porque claramente eso era mentir, lo que nos acababan de decir que no se hacía.

 

Por supuesto que eso confunde. Nos da la falsa percepción de que, a pesar de que se nos dijera que no debemos mentir, hay momentos en que es válido hacerlo.

 

Esto me recuerda una historia: “Un hombre tenía dos hijos, y acercándose al primero, le dijo: Hijo, ve hoy a trabajar en mi viña. Respondiendo él, dijo: No quiero; pero después, arrepentido, fue. Y acercándose al otro, le dijo de la misma manera; y respondiendo él, dijo: Sí, señor, voy. Y no fue.”

 

La sociedad de hoy nos enseña que es más fácil quitarnos de encima el “problema”, diciendo lo que sea, con tal de que en ese momento no tengamos que enfrentar los “sermones”; aún cuando, lo único que hacemos es postergar las consecuencias.

 

Entonces, debemos decir que tenemos que ser congruentes, comportarnos conforme a lo que decimos. Cuando nosotros digamos “sí”, que sea realmente sí; y, cuando digamos “no”, que sea no.

 

Resulta ser difícil ser congruentes. Muchas veces somos la boca más rápida del oeste. Somos muy rápidos para contestar, sin meditar en las respuestas y, en consecuencia, nos vemos involucrados en cuestiones que, de haber meditado en lo que implicaba, no hubiese pasado.

 

Decimos que sí veremos a los amigos y aún no hemos pedido permiso a nuestros padres; o aún no lo hemos comentado con nuestra pareja; o, simplemente, no recordamos que ya teníamos compromiso para esa fecha, o, peor aun, no teníamos la intención de verles pero las circunstancias nos invitaban a manifestar un interés de verles que no era genuino.

 

Un ejemplo claro es que decimos que haremos algo “mañana”, y “mañana” nunca llega. O, como lo diría un autor, el “uno de estos días” no existe.

 

Te invitamos a meditar, ¿cuántas veces has dicho que harías algo y no lo hiciste? ¿Cuántas veces prometiste que iniciarías la dieta o empezarías a hacer ejercicio y preferiste la comodidad de levantarte tarde o un festín de carbohidratos.

 

Por tanto, es importante que vayamos siendo congruentes con nuestras palabras. Si hoy digo que empezaré la dieta, es mejor hacerla de inmediato, como dicen “para luego, es tarde”; esto es, debemos tomar la decisión de pensar en lo que digamos, en el ejemplo que vamos a dar, por lo que, si yo digo que haré algo, debo asumir el compromiso de hacer las cosas que estén a mi alcance para alcanzar mi objetivo, para cumplir lo que he prometido o a lo que me he comprometido realizar.

 

El deber ser auténticos conlleva en sí mismo la responsabilidad de ser congruentes, de ser quienes decimos que somos, y de hacer lo que tenemos que hacer. Para que en verdad, seamos quienes decimos ser y hagamos lo que decimos que haremos, también debemos analizar correctamente nuestras palabras y, antes de externarlas, pensar correctamente qué diremos, ya que, recordemos, con los dichos de nuestras bocas nos enlazamos.

 

Si eres padre de familia, hermano mayor, abuelo, o cualquier persona que ejerce influencia en otras personas, debes pensar dos veces lo que haces y dices, pues, cada una de tus palabras y acciones serán un parámetro de actuación para otras personas.

 

Miremos que, no sólo influimos en las consecuencias de lo que sucede, sino también de lo que pasa en los que nos rodean. Si pido que no me mientan, debo demostrar antes que yo mismo soy capaz de no mentir. Si digo no roben, debo ser capaz de demostrar que, cuando se presenta la ocasión para hacerlo, no la tomaré para robar, sino que seré congruente con lo que predico. Lo que digo debe ser predicado, no con palabras, sino, con acciones.

 

Recuerda, “las palabras impactan, pero las acciones arrastran”.

 

Hoy te invitamos a asumir el compromiso de procurar que tus palabras y acciones sean congruentes. Se ejemplo, haz lo que dices, cumple tu palabra, que haya congruencia entre lo que dices y haces, sólo entonces, serás auténtico.

 

Tengan una bendecida semana.

 

FE.



domingo, 6 de noviembre de 2022



 


PALABRAS

 

Una semana corta fue esta que acabamos de terminar, por el día inhábil que se atravesó. Fuimos bendecidos con ese descanso. Otros recibieron mayor bendición porque sólo trabajaron jueves y viernes… bueno para los que ven en el trabajo una enorme carga…

 

A pesar de ello, de todo pasó en esta semana. Enojos, pleitos, corajes, expectativas rotas, palabras hirientes, palabras de ánimo, en fin, una serie de eventos en la vida de cada uno de nosotros.

 

En lo particular, para aquellos interesados, acudimos a realizar ejercicio 5 días. Algo muy bueno, porque con ello nos mostramos a nosotros mismos que no fueron palabras, sino hechos lo que nos ha dado una victoria.

 

Es importante decir que, la victoria es diaria. Cada día debemos esforzarnos por alcanzar la meta.

 

Esto nos lleva a nuestro tema del día de hoy.

 

Alguna vez has escuchado a las personas que te dicen: “no lo intentes, no lo lograrás”; “si yo lo intenté y no pude, menos tú vas a poder hacerlo”; “no eres suficientemente bueno siquiera para intentarlo”; “llevas diciendo eso mucho tiempo, pero nunca lo haces”; “no creo que tengas la fuerza de voluntad para hacerlo”.

 

Quizás has escuchado palabras peores como: “hijo, eso fue hecho para otros, para ti no”; “no sueñes tan alto, no sea que un día te caigas”; “no sirves para eso”; “será mejor que no lo intentes, nadie de la familia lo ha logrado”; “tu serás… igual que tu papá (tío, hermano, abuelo…)”.

 

Quiero que reflexiones cuántas veces has comprado todas esas palabras y las has hecho tuyas. Cuántas veces renunciaste a ellas y, contra viento y marea, desafiaste lo que tus “amigos, familia, padres, hermanos y hasta tus enemigos” te dijeron.

 

Al respecto, ¿cuántas veces te has frustrado por eso que te dijeron al hacerse realidad? ¿Cuántas veces te dijiste “les hubiera hecho caso”, porque sus palabras rodearon tu mente cada día?

 

Hoy quiero decirte que, las palabras tienen poder. “La lengua puede traer vida o muerte”, en otras palabras “La lengua tiene poder para dar vida y para quitarla; los que no paren de hablar sufren las consecuencias”; y otra forma de decirlo, en la que te invito a meditar, es “Lo que uno habla determina la vida y la muerte” lo que debemos cuidar al máximo porque cada uno deberá atenerse “a las consecuencias” de lo que nuestros labios pronuncian.

 

Seguramente has escuchado muchas veces que con los dichos de tu boca te enlazas. Esto es verdad. Muchas veces son nuestras propias palabras las que nos llevan a cometer los errores más grandes y, al no haber pensado previamente en las consecuencias, terminamos pagando el precio.

 

Sería interesante encontrarnos de frente y poder preguntarte si nunca has ofendido a alguien de manera consciente. En dónde tuviste la plena intención de expresar palabras incorrectas, hirientes, insultos, como fruto de arrebatos por nuestros sentimientos en ese momento, especialmente por el enojo, resentimiento, frustración o venganza.

 

Estoy cierto de que todos y cada uno de nosotros ha ofendido a otra persona. Lo sé porque he visto cómo se ofenden las personas. Yo he ofendido a mucha gente. Mucha gente me ha ofendido.

 

He buscado cada día la forma de controlar mi manera de hablar. El cómo dirigirme a las demás personas, tratando de no usar palabras que sean ofensivas, pero que a pesar de ello, terminan ofendidas. Mis palabras han sido, en ese momento, para maldición de ellas.

 

Es importante que seamos conscientes de que “todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en palabra, este es … perfecto”. Sin embargo, “ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal”, pues, con la misma bendecimos y maldecimos a los que nos rodean.

 

Se vuelve trascendental saber qué palabras aceptamos y cuáles no para nuestra vida y, sobre todo, para nosotros mismos. Aún más importante es que, sepamos escoger las palabras que diremos a nuestros seres queridos, porque a ellos, más que a otras personas, son a los que ofendemos de manera frecuente y mucho más de lo que imaginamos.

 

Hoy, detente un momento a pensar ¿qué le dijiste a las personas con las que convives, con tus palabras: las bendijiste (bien decir) o las has maldecido?

 

No te confundas, maldecir no es sólo decir que son malos en esto o en aquello, sino que también lo es cuando no crees en ellos, en lo que pueden hacer; no darle las gracias por lo que han hecho, sin importar que sea su obligación, pues, en muchas ocasiones un “¡gracias!” por esto o por aquello, será trascendental en su día. Te detuviste a decirle que amas a tu esposo o esposa, hijo o hija, padre o madre, o le agradeciste a ese amigo que te ayudó. Si no lo hiciste, te invitamos a que te tomes un minuto y les escribas, agradeciéndoles lo que han hecho por ti hoy.

 

Recuerda, tus palabras tienen poder para darle vida o muerte a tus relaciones, a tus seres queridos y, sobre todo, a ti mismo. Esfuérzate y se valiente hoy, atrévete a bendecir a tus seres queridos y a ti mismo por medio de tus palabras. Recuerda que cada día es bueno para obtener una nueva victoria.

 

Hoy reconoce a las personas que te aman, bendiciéndolas por medio de tus palabras.

 

Tengan una bendecida semana.

 

FE