MISION Y VISION

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jueves, 8 de diciembre de 2022

ENOJO, por FE.

 


Enojo.

 

El día de hoy cambiaremos un poco el sentido de nuestra reflexión como hemos venido exponiéndolas. Sin más preámbulo, empecemos.

 

Dentro del cúmulo de emociones que tenemos, encontramos el enojo. Quien haya podido ver la película de “intensamente”, recordará al muñequito rojo, que cuando se enojaba, ardía. Que imagen tan gráfica.

 

Cada uno de nosotros ha pasado alguna vez una situación que le ha causado enojo, molestia e ira. Es una emoción que, como todo, si no se controla a tiempo, generará grandes problemas con la gente que nos rodea.

 

Cuántos videos no circulan en las redes sociales de situaciones en los que la gente ha actuado de manera airada, enojada, donde dicha emoción genera que alguno de los involucrados termine muerto. Aún, en un peor escenario, culmina con muerte de personas que, sin saberlo, son víctimas de las emociones de otros.

 



Como vemos, el enojo tiene consecuencias graves. El enojo no es una emoción buena, pero sí puede controlarse. Este sentimiento puede generar las peores escenas inimaginables.

 

Esto, me lleva a pensar en un escenario, la lluvia tupida, un “aguacero”. ¿Alguna vez has visto algún accidente ocasionado por la combinación de lluvia y velocidad? Si no, te invitamos a buscar un video con estas características antes de culminar la presente reflexión. Cuando hay lluvia, es necesario bajar la velocidad de los automotores, porque la probabilidad de accidentes se incrementa. Mientras más velocidad en una lluvia tupida, mayor probabilidad de un accidente grave que puede culminar con la vida de los tripulantes.

 

La probabilidad mencionada es lógica. Si alguna vez has manejado y lo has hecho en lluvia fuerte, habrás notado lo difícil que es que el conductor pueda ver a escasamente algunos metros. Imagina, si es que no has estado en uno, la lluvia sumamente tupida, impide la visión, por lo que el conductor debe tomar diversas previsiones:

 

Bajar la velocidad;

Encender sus intermitentes; y

En media de lo posible, seguir avanzando.

 

Debemos ser inteligentes y prudentes. Debemos aprender, manejando, a detenernos de manera oportuna, en el momento preciso, bajo una lluvia tan constante y fuerte.

 

Con las emociones es igual. Debemos aprender a identificarlas y a utilizar las mismas recomendaciones que se dan a los conductores cuando se encuentren manejando bajo una lluvia constante y fuerte. En otras palabras, debemos ser “rápidos para escuchar, lentos para hablar y lentos para enojarse”.

 

Es sencillo reaccionar conforme a nuestras emociones. Cuando una persona nos ofende, lo más pronto siempre es enojarnos y responder bajo esa emoción. “No te dejes llevar por el enojo”, no dejen que “el enojo los controle”.

 

Al igual que bajo la lluvia, cuando nuestro nivel de enojo se incrementa, nuestra visión se nubla, a tal grado que no podemos ver las posibles consecuencias de lo que podemos estar empezando a realizar. Por lo que, ante esta emoción, se recomienda bajar la velocidad.

 

Lo difícil es tener la prudencia e inteligencia necesarias para detenernos. Siempre será mejor no dejar que el enojo nos lleve a ofender a los demás, pero tampoco debemos dejar que el enojo nos dañe a nosotros mismos, y a los seres que más queremos. En nuestro símil con la lluvia, es necesario bajar la velocidad de nuestros pensamientos y de nuestras palabras, es decir, debemos detenernos antes de hablar y escuchar y entender lo que se nos dice o hace.

 

Como segundo paso, hay que encender nuestras intermitentes. Debemos estar conscientes de que estamos prestos a enojarnos y, en ese momento, encender nuestras luces de alarma, de prevención, sabiendo que nos acercamos a terreno peligroso. Por lo que debemos tomar una decisión deliberada de detenernos y no hacer que la situación empeore. Muchas de las veces dependerán de nosotros, de lo que hagamos o digamos. Tomemos la responsabilidad de hacer lo que tenemos que hacer, bendecir a los demás.

 

Hoy, queremos invitarte a u reflexiones que “la respuesta blanda aplaca la ira”, en otras palabras, si no hay nada bueno que decir, toma la decisión deliberada de no decir nada. Calla. Mientras más consciente te vuelvas de que tus palabras bajo un estado de ánimo incorrecto no serán correctas. Hazte consciente de esta situación, calla y tranquilízate; después, analiza si en verdad vale la pena arruinar lo bueno que puedas tener por un momento de enojo que te invada.

 

Recuerda “las respuestas ásperas encienden los ánimos”. Hoy decide ser responsable de tus palabras, de tus emociones y que tú las dominarás a ellas y no ellas a ti.

 

Tengan una bendecida semana.

 

FE.







lunes, 17 de octubre de 2022

EXPECTATIVAS. 17/10/2022




EXPECTATIVAS
 
Comenzamos por decir que “todos los caminos del hombre son limpios en su propia opinión” o “todo camino del hombre es recto en su propia opinión”.
 
La primera pregunta que se genera es, ¿eso que tiene que ver con nuestro tema? Mucho, pues, nosotros pensamos que es correcto lo que hacemos, pensamos o deseamos. Nuestras decisiones son correctas “si eso nos hace sentir bien”, “si con ello no dañamos a nadie”.
 
Sin embargo, no nos damos cuenta de que nuestra sociedad nos invita a reflexionar y declarar que podemos ser sabios en nuestra propia opinión. Saber qué nos conviene, tan sólo porque alguien más nos mencionó que tenemos la capacidad de discernir lo bueno de lo malo, y considerar lo que es bueno, mejor y correcto para nuestra vida.
 
En este enfoque generamos lo que llamamos expectativas. Siendo sólo lo que esperamos de algo o alguien. Es decir, al probar un platillo que nos han recomendado y no cumple lo esperado, nos sentimos defraudados; o cuando una persona, en quien hemos depositado nuestras expectativas, no las satisface, automáticamente se convierte en culpable de no cumplir lo que nosotros consideramos ella debía ser y hacer.
 
En otras palabras, vivimos en una sociedad que ha generado expectativas en nosotros, cuando la realidad dista mucho de ello.
 
Nadie es perfecto. Somos perfectibles.
 
Así las cosas, los únicos culpables de que no se cumplan nuestras expectativas somos nosotros mismos, al depositar en un tercero(s) o en algo, lo que nosotros queremos que ellos hagan o sean. Por tanto, asumamos esa responsabilidad. Las personas en quienes hemos depositado nuestras expectativas, son imperfectos como nosotros, y que decir por las cosas (que son creadas por seres humanos imperfectos). Se equivocan. Fallarán muchas veces.
 
“El que es bueno, de la bondad que atesora en el corazón produce el bien; pero el que es malo, de su maldad produce el mal, porque de lo que abunda en el corazón habla la boca.” 
 
“Nadie puede dar lo que no tiene”. Es una frase trillada, pero cierta.
 
Al momento de elegir pareja también generamos un mundo de expectativas… que si alto, que si musculoso, que si ojos azules, intelectual o más espiritual, que sea influencer, que me saque de pobre, que sea huerfano (por aquello de la suegra).
 
Lo cierto es que, simplemente son expectativas… ya que cuando uno se enamora la razón no es muy coherente.
 

Entonces, mis expectativas son mi responsabilidad, no de quien o de a lo que yo se las impuse. Si quieres sabiduría, pídesela al creador de la misma.
 
Hoy te invitamos a tomar la decisión de hacerte consciente de las expectativas que has impuesto a las personas o cosas, y hacerte responsable de asumir las consecuencias de haberlo hecho.
 
En otras palabras, hoy tienes la posibilidad de decidir ser objetivo, y no imponer cargas a los demás. Pues, siendo sincero, quizás tu has llegado a formar parte de las expectativas de alguien más y, es muy probable que no hayas salido del todo muy bien librado. Así que, no te gustaría que los demás te impusieran cargas que no son tuyas, por el simple hecho que te idealizaron. Si lo hicieron, recuerda que no es tu responsabilidad cumplir las expectativas de nadie más, pero sí eres responsable de tu conducta y de tus decisiones.

 
En el plano terrenal, estamos sujetos a todo lo que ocurre a nuestro alrededor. Somos responsables por lo que pensamos, decimos o creemos.

FE.
 
Que tengan una semana lleno de bendiciones.